Perros verdes
Publicado en Perros verdes el 9 de Noviembre, 2006, 12:02
por Brocco
Dado el aluvión de cumpleaños caninos y la llegada (por fin) del otoño, cuelgo esta camiseta que pseudodiseñé hace tiempo, algunos ya la conocéis. Cosas que puedes hacer en internet, aunque con la impresión sale carilla, y tiene pinta de ser prenda más para ir al gimnasio que para abrigarse, pero vosotros diréis :P
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Publicado en Perros verdes el 8 de Mayo, 2006, 15:59
por Brocco
El de Peludo es el blog de la semana del 20 minutos. No es la primera vez que los perritos blogueros aparecen en los medios, nono. En el Ciberpaís ya fueron objeto de estudiio hace tiempo, y en el País Semanal, citaron a Maggie, que salió luciendo piernas largas.
Sabias palabras las de Peludo, famoso creador de corrientes de opinión. Incluso, ha citao a esta verdura, fiel lectora de blogs caninos. La emoción me embraga, once more.
¿Tienes o has tenido algún troll en tu bitácora? ¿qué haces con ellos?
No,
aquí sólo suelen entrar colegas cánidos, e incluso algún vegetal, pero
ningún troll. Y si entrara no hay problema, pues le mando al Cano, mi
hermano adoptivo, que es un bruto que no veas, y se lo zampa en dos
bocados. Ains, mis perrillos, que ya son estrellas...
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Publicado en Perros verdes el 15 de Diciembre, 2005, 1:30
por Brocco
Dejo a Sofía con cara de ¿esta tía está pirada? en la boca de metro de Tribunal y persigo al perrito rubio que vaga sin rumbo (bueno, el que le marca el olor más o menos prometedor de la basura). En los primeros instantes de mi epopeya, recibo un sms, oh, de un amigo patinador, y aprovecho para llamarle por si sabe cuál es el jodido número de información general, ése que se supone que memorizamos gracias a unos simpáticosa anuncios. Llamo, me dan el teléfono de una asociación canina que conozco, me salta un contestador (Con casi las doce de la noche), cuelgo, llamo a la policía municipal, describo perro, situación y lugar, pasan el mensaje —éso dicen— a un veterinario encargado de estas cosas, espero noticias con un frío que pela. El perrito rubio sigue buscando comida en la basura y, la verdad, se pone las botas. Para tenerlo controlado compro un bocata "de lo que sea" a la china de la esquina, tres euros por unas láminas transparentes de chorizo. Voy dando al perro rubio porciones del manjar, mientras lo sigo por la calla la Palma y la plaza del Dos de Mayo, borrachuzo va, borrachuzo viene. Subimos por la calle de la Vía Láctea, se para el perrillo, nos sentamos y le voy dando fascículos del embutido. Se nos acerca un borracho flipao que me dice no se qué de las focas monge, que parece que él erea marinero y las focas se la chupaban muy bien (¿?). El veterinario me llama, le digo que no, no tengo prisa, hombre, pero no se cómo retener al perro rubio, que no lleva ni cadena ni identificación y se sienta a la orden de "sit" y da la puta patita. Sigo con el perro, le abro bolsas de basura para que mire que hay dentro, le prometo amor eterno y que me lo llevaré conmigo si no lo vienen a recoger y, si es así, que lo iré a visitar y....
 Consigo, más abajo de la Vía Láctea —le dio por bajar llegado un punto— ponerle en torno al cuello un cable de esos blanditos, no penséis, que habia ahí tirado entre la basura de una obra. "Yo no te quiero atar", le digo como una idiota. Le paso por el cuello el cable con un nudo marinero básico de esos que te enseñan en los campamentos. Parece que se sienta, me mira triste, tiene el pelo cuidado, me da la pata. Empieza a rascar una puerta de madera, de un bajo. "No, no, que igual hay alguien", le digo, porque se veía luz (en un bajo cochambroso en pleno Malasaña, oj). Abren la puerta. "¡¡Menganitoooo1!". Y el perro rubio entra. "Aaaaaaah, es tuyoooooo", digo con alivio /rabia, desesperación. "Sí, se sabe le camino a casa". "Aaaaaaaaaaaah.... es que parecía que estaba perdido, he llamado... " . "Ah, pues no, pero gracias, eh". La muy okupa (o pies negros, yo qué cogno se, Trufa) va arrimando la puerta, como si pensase "esta tía está pirada", y tiro hacia le metro, meándome a chorros, por qué no decirlo, y con la cara de gilipollas integral más 100% que os podáis imaginar. Cagoentó.
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Publicado en Perros verdes el 11 de Diciembre, 2005, 17:55
por Brocco
En contra de lo que pueda parecer por esta foto de un Buffy de lo más navideño y en plan sujeta-libros, un perro no es un adorno, un mueble más, ni siquiera un juguete, aunque divierta y haga gracia. Y aquí el mozo de reducido tamaño, bien sabemos que no es un "objeto", ni de regalo, ni sexual, ni ná de ná. Aunque gracioso es un rato largo. Pero que quede claro, es un perro independiente y punto, ¿vale?
Siempre me han repugnado las tiendas de animales, mostrando a cachorritos de poquísimos meses muertos del asco en una jaula pequeña, formando parte de un escaparate más. Me dan ganas de entrar y empezar a insultar a encargados, clientes, a todos, como cuando veo a una señorona toda digna envuelta en su abrigo de pieles. Por escandalizar, nada más.
En la huerta natal pude disfrutar de la compañía de perritos varios, cuando mis ramas aún eran tiernas y mi corazón pistacho. Una fue un cachorrita pequeña, que no se cómo llegó allí. Le gustaba esconderse dentro de la lavadora, y mi verde progenitor le daba biberones continuamente, sosteniéndola en una sola mano. La atropellaron delante de toda la familia, en un sábado de excursión. Era tan pequeña que el que iba al volante ni se dio cuenta (éso quiero creer).
Años después apareció un perro enorme y bonachón, con un aire a Verdi, pero sin pañuelo. Muy cariñoso y siempre necesitado de mimos y atención, una vez comió una hierba que le dio alergia, y pensamos que se nos moría. Vino a pedirnos ayuda, con la cara toda hinchada por la reacción, y casi no podía abrir los ojos, el pobrecito. A veces, nos poníamos a pelearnos en broma entre nosotros, porque ya sabíamos que reaccionaba con sorprendente fiereza ante alguien que quisiera hacer algo malo a alguno de sus amigos. Pero si era entre nosotros, no sabía que hacer, y lloraba y gemía hasta que parábamos y le dábamos un abrazo y una palmada fuerte en el lomo.
Estuvimos juntos mucho tiempo, pero llegó un momento en que la huerta se le hizo pequeña y estaba angustiadito y algo fondón, porqué no decirlo. Mi planta padre se lo regaló a una hortaliza amiga que vivía en un latifundio no muy lejano, y allí se quedó, correteando con sus hermanos, que no habían salido de casa todavía porque eran jovencitos. Cuando nos íbamos, esta verduriña no podía parar de llorar al ver al perro de sus amores cada vez más lejos. Siempre me he preguntado qué sentiría él. Lo triste que le debió resultar la separación, aunque fuese lo mejor para su salud. Cómo estaría siempre esperando nuestra vuelta. Alguna vez íbamos a verlo e incluso, con el paso de los años, venía corriendo hacia sus ex compañeros de huerta nada más oír el coche. Un día, el brocco-progenitor me contó que algún bípedo cabrón se dedicó a envenenar a los perritos de esa huerta, y todos murieron.
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