Agosto del 2008


Tanto gilipollas y tan pocas balas

Publicado en Sulfato atómico el 8 de Agosto, 2008, 20:57 por Brocco

Pena no haber buscado el enlace en su momento, después de limpiarme espumarajos varios a las ocho de la mañana tras leer una carta al director en el 20 minutos en papel. El indignado lector, que lo era como todos los que tiene la idea de escribir un textito a ese tipo de secciones, se sentía estafado, el muy hijodeputa, tras hacer la compra de un perro, si se me permite la expresión, en una tienda de animales, si no importa que utilice términos tan obscenos, malolientes y peorsonantes como hijodeputa, comprar perro y tienda de animales.

El sujeto de mierda en cuestión venía a decir que se había gastado mil y pico euros que debían sobrarle de su sueldo de vergonzante miembro de la no clase media y carente de conciencia e ideología de este tampoco país, en un perrillo de no recuerdo qué raza, o marca, porque si te compras un perfume Armani y unas zapas Converse, porqué no añadir un complemento de firma más.

Total, que después de dejarse la pasta que supone el sueldo tirando a lo alto de demasiado trabajador de este no país, el imbécil sabía que tenía al animal de mierda quince días en garantía; o sea, una tomadura de pelo ya de inicio si tenemos en cuenta que cualquier secador de pelo de veinte euros tiene más que un ser vivo sólo un poco más delicado, dañable y, por tanto, devolvible y cambiable.

El caso es que al animalillo, separado de su madre überexplotada como trozo de sexo reproductor altamente rentable al poco de nacer para pasar días expuesto en un escaparate a la calle como un objeto de regalo más, como un marco de fotos de plata de esos odiosos que te cagarías en quien te lo regalan, o una cajita absurda de madera con apliques de estaño que no sirven ni para hacer bonito ni para nada, decía que, el perrillo debía pasar un examen para saber si su salud estaba bie, obviamente de manos del vendedor, uno de esos veterinarios sin escrúpulos que tanto les da trabajar con cientos o miles o, peor, con toneladas de animales en una explotación —el nombre no es casual— avícola, como disfrazarse con una sonrisa amable y una bata impecable para curar mientras hace carantoñas a nuestras mascotas cariñosamente y quémajoelvetedelRocky.

Aunque divago, que lo se, y me la suda, y lo hago porque me sale del mismo, de-cí-a: el imbécil de la carta estaba indignado, porque el examen médico del veterinario-traficante, indicaba que el objeto animado estaba en perfecto estado de salud. De no haber sido así, estaría el sinalma del comprador, en su perfecto derecho a devolver la compra, y llevarse un producto equivalente al adquirido vía VISA-para vicios después y a pesar del sangrado hipotequil. Obviamente, el vendedor no iba a tirar mierda sobre su propio tejado, y no detectó anomalía alguna en el bien transaccionado. A los pocos días, ya pasado el imprescindible período de garantía que tanta seguridad nos da a los bienclientes, el trozo de carne con ojos empezó a fallar. Cabreados, los previsiblemente sensibles con el medio ambiente nuevos poseedores de la cosa, la llevaron a una tienda de reparaciones para ver qué les decían, ojalá compensase el arreglo, pensaría el capullo, sino vamos a tener una buena con ese guay que nos ha endiñado un perro roto.
El otro veterinario, ajeno a este intercambio, localizó varios problemas de salud en el regalo para el niño mimado, no demasiado relevantes para un cachorro, pero sí suficientes para crispar a un honrado comprador de cuerpos.

La carta remataba con el tópico español de qué vergüenza, pero... pe-ro. El hijodesatán que merecería ser esterilizado junto a su objeto receptor de semen, que quien dice perro, dice hijo o lámpara de pie, qué aburrimiento, jo-der, casa coche casa coche y ahora qué, casa coche casa coche no pensar, decía, que el idiota de la carta se llevaba las manos a su amputable cabeza y, en un alarde de cliente estafado, de ciudadano concienciado y cristiano doliente, afirmaba con dos cojones que este tipo de gente que se dedica a la compraventa de seres vivos como quien pasa por la caja del Carrefour unas latasbirra, deberían ser personas con amor a los animales, no unos aprovechados cualquiera como el que le había sableado mil y pico euros y luego se había lavados las mano —de sangre—. CON DOS COJONES. Así te los rompa tu próximo perro de raza a dentelladas, subnormal.




Primera imagen de Superrune. Y sí, en esta última aparece un cerdo en una foto de un rescate de Igualdad Animal. Porqué nos comemos cerdos y usamos como animales de compañía a perros y gatos y no a la inversa, un misterio cultural. Porqué nos gusta tanto abusar del más débil, una obviedad que me da mucha pereza.

Y aire acondicionado también

Publicado en Arte urbano el 4 de Agosto, 2008, 15:08 por Brocco



Del alucinante photostream de Dug da bug.