23 de Diciembre, 2007


Manías

Publicado en Delirios el 23 de Diciembre, 2007, 15:48 por Brocco

A la gente le llama la atención, pero siempre espero el momento del año, semanasantero suele ser, en el que reponen Lo que el viento se llevó. Me paso todo el día en casa delante de la tele, más tiempo del que sumaría en un mes. No me gusta la tele. La quitaría, pero no es mía.

Los doblajes españoles de los cuarenta, las innecesarias y forzadas traducciones de los nombres que provocan extrañeza y cercanía al personaje a partes iguales, el no saber cuándo fue la primera vez que la vi y si aguanté el tirón. Romantiqueo to-tal. Y ella. Y su ceja. Y los ojos y la decadencia del personaje y los problemas mentales de la actriz y los electrodos y las marcas disimuladas con maquillaje y el alcohol y me encantan las tragedias vitales y las miserias de las reinas de Hollywood y adoro a Vivien Leigh y sanseacabó, y cómo habría sido La senda de los elefantes si la hubiera interpretado ella y no la ñoña de Liz Taylor, y me gusta casi tanto Vivien como la Olivia de Havilland de La heredera, doble enamoramiento en esa película con un Montgomery Clift radiante que daba tanta pena ver en sus últimas películas, y pienso en la decadencia de todos y todas y en la Olivia vieja gloria en Aeropuerto 77 y en la Ava Gardner venida a menos y con kilos de más en alguna otra superproducción catastrófica también para la taquilla, daño hicieron los setenta y los grandes estudios, y pienso en la Olivia-Melania hermana de Joan Fontaine, la que rayaba la perfección en la tristísima y descorazonadora Carta de una  desconocida con una de las escenas más inolvidables de la historia del cine en la que aparecía, rubísima, en un flash back que la llevaba a su infancia sentada en un columpio, enamorándose hasta la médula del enormemente atractivo Louis Jordan y consiguiendo algo que no he visto en ninguna otra película; que una actriz talludita, adulta, una estrella en toda regla, interprete a una cría y no sólo resulte creíble, sino que llegue a fascinar y emocionar al espectador, aunque no tenga mérito si el espectador es una verdu sensiblona y apasionada por las cosas pequeñas y la intensidad del blanco y negro y que adooooooora el mero hecho de recordar las sensaciones que le provocaba ver esas películas de madrugada.

Qué desastre de post. (Suspiro).