De repente he sentido... añoranza, queridos, cierta nostalgia, podría decir. Y ya narro: el fin de semana pasado estuve en Granada, como podéis ver en las últimas fotos subidas en
mi flickr —no esperéis vistas desde la
Alhambra, yo sigo con lo mío y con la nariz roja de tanto sol—, y tuve la suerte de conocer, ¡por fin!, a la gran
Unamaruja, heroína en la vida cotidiana e ídola de la blogocosa a partes iguales. Y me he puesto a hacer un agotador repaso mental de lo que me ha aportado mi verde yo a lo largo de los años...
Recuerdo con melancolía que al primer bloguero que coñocí fue al diminuto y ahora casi casado —hay que joderse—
Superputo, el de la fenecida bitácora, pero que
tantos posts protagonizó en mi anterior tiesto. En aquella cita le acompañó el entrañable
Didi, que aún moraba en el tierno y popero
Lapislázuli, chiringuito que cerró para montar
Esmadriz! y hacer doblete en el completo y siempre actualizado
Madrid Me Mata, todo un
lobby ya.
De la mano de ambos coincidí una extraña y larga noche con
Elfriqui, Patch, Torpin,
Frank Einstein,
Covi y alguien más, problablemnte, pero poco recuerdo de aquel evento, afortunadamente, ejem. Pasados los recelos iniciales y a la vista de lo que podía dar de sí un encuentro bloguero la mar de improvisado —o eso creía yo que era—, el chorreo de
tú a tús en el mundo
off line se multiplicaron.
A
Malamuller,
Amicus,
Snooze —que no postea ni patrás— y
Achoacho ya los coñocía personalmente antes de que les diera por abrirse una bitacorilla, pero la blogocosa ha sido la excusa perfecta para encontrarme con personajes de la talla (y cabeza) del sátiro
Nadj o el creativísimo, amado y admirado
Pepeltenso, conocido por su mundialmente famoso
Entérate imbécil, sustituido por
Vida Catástrofe y, finalmente por
Sangrante; creador además una
revista de poesía, mantenedor de un jugoso
recetario de cocina, hacedor de obras de arte en formato
cassettes, narrador de los
podcast de
Atapuerca y crispador jefe en
No me jodas.
Sumemos a la lista a
Nipona, después del encontronazo en un
foro de ateos famosillo por extraños avatares internáuticos; vamos, que yahoo cerró el grupo sin avisar por haber colgado unas
fotos de Cristo haciéndose unas pajillas, pero sin mariconadas, claro.
Y
Larita, cuyos
desvaríos, escritos con sólo dieciséis años (nunca lo imaginé, ¡demonios!) leía esta verdura con avidez. Y el maestlo de Nä
Nikito Nipongo (luego en
PD pero con pocas ganas), que resultó ser catalán, aunque no tanto como la pequeña
Trufa. Y
Sofía,
Leuke,
Mr Majestic,
Acuarelacool, la brillantísima y rubísima
Lulamy —lo nuestro es el perfecto ejemplo de la teoría de los
seis grados de separación, casi tanto como con
E Montmas—. Además, un cruce casual con
R en pleno Malasaña y una quedada en la que broquiño no pintaba nada, salvo conocer a
Mad y calmar los nervios de la pirada de Lulamy, con su labio temblón.
También muchas caras sin nick en la presentación del
infame libro
«De otro planeta» al que me arrastró Sofía en modo cotilla destructor y, para rematar la temporada, media docena de blogueros ilustres pero ajenos a mi entorno, salvo Unamaruja, este fin de semana pasado. Porque a mi
Sonia Blanco como que no me transmite ná.
Creo que ya está el mapa completo, si añado a los
flickeros del grupo de la
cárcel de Carabanchel. ¿Quién da más?
Ah, feliz
día de internet, que coincide con la jornada contra la
homofobia y la transfobia. Espero no haber provocado jaquecas con tanto enlace.