6 de Abril, 2007


Emoción y recogimiento en viernes de pasión

Publicado en General el 6 de Abril, 2007, 17:56 por Brocco

Como el emule se me ha desbocado y me regala una película cada dos días, he empezado a cubrir «huecos», poniendo a bajar las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, que no he visto ninguna.
Por cierto, si aún no conocéis Quién puede matar a un niño y los críos en las películas os inquietan casi tanto como los payasos o los muñecos o si ni os suena La residencia pero necesitáis que os apliquen un correctivo, mfff, ya podéis dar orden a la mula; suspense del bueno y desasosiego garantizado.

El primero de los episodios de Historias... en completarse ha sido Historia de la frivolidad (1967), dirigida por el amigo Chicho y su puro junto a Jaime de Armiñán, aunque al sufrir los títulos de crédito con ese incofundible e irritante estilo Un, dos, tres ya queda claro quien mandaba en la pareja, ego tiene el jodío.

Más datos, más: de la escenografía se encargó Mingote; el reparto, cargadito de nombres con lo mejor del teatro y cine españoles de la época, lo encabeza la genial Irene Gutiérrez Caba, que conduce la delirante narración a través de la descocada historia de la humanidad junto a sus compañeras en la lucha contra todo lo inmoral, sea visible o invisible. Son las tremendamente puritanas y orgullosas de serlo integrantes de la Liga femenina contra la frivolidad, formada por la ya citada hermanísima de Emilio junto a Lola Gaos, Rafaela Aparicio, Margot Cottens y Pilar Muñoz. A lo largo del episodio vemos mil caras conocidas más —sí, fueron jóvenes— como Fernando Rey, Agustín González, Tip o Coll. Ideal para mitómanos y nostálgicos del blanco y negro televisivo o buceadores en las oscuras aguas de la censura durante el franquismo.

Adán y Eva descubriendo la hoja de parra, los habitantes de las cavernas guarreando, los romanos más viciosos, los golfos de la Edad Media, los descubridores de América y sus indias, el cancán de la belle epoque y el peligroso cine (descacharrante el momento vamos a usar el doblaje como arma contra lo pecaminoso), sufren la censura de las defensoras de la virtud, que terminan entregando sus esperanzas de pureza a dos robots del año tres mil, que nada podrán hacer porque «nada tienen».

Vamos, una opción alternativa al cine semanasantero clásico, pero la mar de apropiado para este período de recogimiento y dolor.

Ahora, imaginaos que en lugar de haceros esta recomendación una verdura cualquiera, aburrida en el viernes santo viendo como graniza, es Chicho sentado en su sillón de orejas, envuelto en humo y con la araña telarañera de atrezzo haciendo que ilumina mortecinamente la inquietante estancia aka trozo de plató reservado para el director y sus monólogos..