La violencia como herramienta de lucha política III: el sabotaje
Publicado en Sulfato atómico el 15 de Enero, 2007, 18:41 por Brocco|
Hasta qué punto sería relevante o, peor aún, posible, esta confrontación con el capital en el mercado laboral actual con lo barato del despido y la temporalidad de los contratos como norma, es algo que el propio ciudadano puede y debe decidir. Porque, al igual que los obreros son capaces de detener la actividad de una fábrica, la resistencia de los ciudadanos puede paralizar la actividad de la ciudad, con lo que eso implica. Agitémonos En los últimos meses se han asomado a las televisiones estatales, demasiado tímidamente, iniciativas populares con internet como herramienta de organización básica. Son las reivindicaciones por una vivienda justa, con sus movilizaciones regulares y cada vez más reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad del estado y otras con menos presencia en los mass media pero que van calando poco a poco, como la denuncia de la precariedad laboral. No incluyo, por poco novedosas, las manifestaciones constantes en el País Vasco a favor de la autonomía o del acercamiento de presos que, a pesar de su licitud, constantemente son prohibidas por el aparato de un estado que es adjetivado con satisfacción por la clase política de democrático.
Sé, por encima de todo, y repítelo hasta que la expresión pierda significado, un demócrata; un hombre o una mujer de bien. Tienes que serlo. Sobre todo, porque ese deber no es más que una traba construida, con toda la intención, para que nada cambie, para que olvidemos nuestros deseos y no ataquemos al enemigo, ese que se alimenta de nosotros. Asume el sistema de valores impuesto por aquellos que te oprimen. Y desde ahí, muéstrate positivo, colaboracionista, creativo; aporta propuestas para mejorar las cosas y cree que no sólo serán un lavado de cara, ornamentos sin consistencia. Déjate educar por los partidos democráticos, que sólo quieren encauzar tu potencial hacia una reivindicación descafeinada, necesaria para la salud de la democracia, dicen. Suicídate a diario obedeciendo, resignándote y no levantando al vista; has nacido para transigir, aunque a ti no se te pase ni una. Además, intégrate en un partido, una asociación progresista, socialdemócrata, izquierdista; lo mismo da. Forma parte de esos grupos de profesionales de la reivindicación, prestos a pedir sus migajas de concesiones. Sé un miembro activo, no escapes al control de la pseudodisidencia burocratizada e integrada en el sistema. Pero, ¿y si no lo haces? No te atrevas a herirme mientras te mato Por supuesto, jamás uses la violencia y, en ningún caso, la justifiques, porque los violentos no son más que bárbaros, incultos, personas carentes de razones, incívicos. Siempre que esos sujetos vengan «de abajo», claro. Pero, ¿no es acaso la violencia «desde arriba» válida y diaria? Si sirve para mantenerse en el poder y conservar privilegios, ¿por qué no puede ser un instrumento para los débiles y desfavorecidos? ¿Por qué se condena al instante al que se defiende de la violencia con violencia? ![]() Hagamos el vándalo En un mundo regido por la exaltación del individualismo, paradójicamente, un acto rebelde producido al margen de todo, es visto como una amenaza. Es entonces cuando las organizaciones progres condenan, piden calma, tachan de contraproducentes todos aquellos hechos no programados y que se escapan a su control. Pero sólo la suma de estos actos individuales, una vez superados los prejuicios moralistas y la mitificación del poder, conducirán a una auténtica rebelión en masa cuyo principal objetivo sea atacar a quien nos oprime. Rompamos la falsa paz que nos venden, destruyamos la infeliz cotidianeidad y comprobemos que el control total es un mito. |

La palabra sabotaje viene del francés
En todos los casos, se pone en tela de juicio la moral establecida, esa que exalta el 
Semillas (24)

