La estética antes que la ética
Publicado en Delirios el 14 de Agosto, 2006, 5:06 por Brocco
Bien es sabido por mis fieles lectores que por las noches el Brocco sufre como pocas verduras el caos y surrealismo de esta ciudad llamada Madriz.Después de aquél momento glamour topándome con la mismísima Charito Piedras en Gran Vía (veloz y rubiamente salió del cine donde se estrenaba Instinto Básico 2, supongo que cagando ostias por lo mala que era la peli), el comentadísimo encontronazo bollo-alcohólico con Cristina Marcos (ejem, haciendo patria y derribando mitos), ahora tocaba algo más... ¿kistch? Antes de desvelar a qué personaje me he tropezado esta vez, permitidme una breve digresión sobre lo bello. Es evidente que la vulgaridad y la cutrez me persiguen, queridos y sufridos lectores. En mi último pseudocurro, mi compañero de al lado era un cuasi niño totalmente bakala (al lado siniestro), que curraba para comprarse un coche. Mejor no imaginemos cómo será el bólido y cómo lo maqueará. A la derecha de mi tupido ramaje, tuve la mala suerte de sufrir a una señora pedorra de cincuenta y algo. Ella, oh, ella, de nombre Mariluz (hasta éso encaja), lucía sin pudor un demonio de Tazmania tatuado en la pechera, qué dolor de córneas. Y qué insulto a la estética esos tatuajes de peluquería —se repetía el Brocco mesándose las hojas—, si es que parecen hechos como con cutre-rotulador y, encima va la tía y se coloca semejante "motivo", al lado de una teta... ¡Pupa! No podía mirarle a los ojos, no podía. Cada vez que me daba un golpetazo en una rama al grito de "eh, chsst, mira", mis globitos oculares bizqueaban intentando eludir aquella bofetada de mal gusto, pero sintiéndose atraídos por ella, al mismo tiempo. Por supuesto, la mujer lo lucía con orgullo, vistiendo escotazo día sí día también. Y, claro, no pasaba coñazo de jornada laboral sin que viera en mi celebro cómo se le disolvía el dibujo infame en tan inexplicable localización (algo que le ocurrirá con el paso de los años, sin duda) formándose un manchurrón marronáceo, como aquél que salía de mezclar todos los colores de la plastilina, sobre la piel apergaminada para dirigirse, irremisiblemente, al entreteto. Pues bien, a niveles similares está decayendo la calidad del famoseo que me cruzo: Búho, aka autobús nocturno, no demasiado tarde, madrugada fresquita, Madrid.(Éste es un homenaje a los primeros segundos de los capítulos de Expediente X, qué exacta y sobriamente ubicaban la acción, oiga). A lo que iba. Altura Callao. Sube al vehículo hombre de camisa roja. Pelo negro. Cielos. No puede ser. Tanto salir en la tele y no tiene ni para un taxi. Este país no es lo que era. Y él sujeto es Leonardo Dantés. Ahora bailad, bailad, malditos. |

Bien es sabido por mis fieles lectores que por las noches el Brocco sufre como pocas verduras el caos y surrealismo de esta ciudad llamada Madriz.
A la derecha de mi tupido ramaje, tuve la mala suerte de sufrir a una señora pedorra de cincuenta y algo. 
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