Sana y lozana como una manzana

Publicado en Verdura rodante el 22 de Diciembre, 2005, 15:56 por Brocco

Antes de empezar el desbarre de hoy, gracias por interesaros por el estado de mi entrepierna. Veo que mi problema es más común de lo que pensaba, y no me había percatado. Será que yo no me fijo en ciertas partes hasta que no es estrictamente necesario...
Oh, ¡cuánto patinó la verduriña estos dos días! Más bien fui saltando de casco en casco de atareados albañliles inmersos en zanjas y suelos polvorientos, que me gritaban lindezas varias (y éso que llevo bien disimuladas mis sexys curvas con varias y cebolliles capas de ropa).
Digo yo, que esto que hace súper Gallardón no es más que poner parches. Debería de haber sido valiente y tomar la decisión definitiva. Sí, arrasar Madrid y construir la ciudad de nuevo, desde el principio, pero bien.

Llegando a Ópera, después de dejarme los pulmones (que no los munlos) subiendo la cuesta de la Vega —llena de tráfico, consecuencia de un desvío por el caos de la M 30—, movía mis raíces con ruedas con brío y escalofríos cuando de repente... ¡Flash! Oh, cielos, y yo con estas ramas. Salían de un taxi, camino del teatro ése que hay en la plaza... sí, ese galán maduro... Carlos Larrañaga con la joven actriz de pelo ochentero que se trajina (con perdón) en la actualidad. Me pareció un momento tan castizo, tan... Tenía que compartirlo, me estaba haciendo daño en la savia semejante visión (ese abrigo de paño sobre los hombros, dios, qué personaje).

Pues fue un interesante día en el que tuve tiempo de reflexionar sobre sociología, arte, mecánica (no se apretar tuercas y un día me mataré) y política local.

Después seguí maltratando mis pezuñitas con ese error de calcetines que me puse, vaya escabechina. Al día siguiente, zas, otra vez horas y horas sobre ruedas con un frío helador y un aire irrespirable, intentando seguir al señoriño de la foto, que tiene piernas como columnas, oiga (miren cómo salta aquí y aquí).
Si es que cuando me paso el algodoncito con tónico limpiador (aka demak up) por mi bello rostro, ¡vaya capón de mierda que desincrusto! Y pensar que eso lo comemos y/ o respiramos, adónde vamos a ir a parar... Que llueva, que lluevaaa...
Cené una rica pizza sobre ruedas y me tomé el postre cervecil con la entrañable y crapulesca Sofía, muy prudentita porque al día siguiente madrugaba (¡está perdiendo puntos, oiga!)
Me dejé caer Gran Vía abajo, cuesta de San Vicente y tal... Y allí me quedé, al borde del Manzanares, esperando un autobús nocturno que pasó de largo lleno de gente, -3 grados durante cerca de una hora, ahora entiendo lo que sienten los inmigrantes en patera con hipotermia aguda... Cuando conseguí meterme en una rendija, entre las sardinas en bloque que ocupaban hasta el último centímetro pegado a la puerta de atrás del puto búho, tuve que aguantar un trayecto a lado de un borrachuza que se descojonaba, un imbécil que no se bajaba para dejar salir a los demás y todo ésto con las manitas verdes hechas un guiñapo artrítico sujetando los pesados patines y la mochila helada. Dormí abrazadita a la almohadillita eléctrica. Cagoentó, ya se que me paso el día maldiciendo. Es que Madrid me mata, cada vez máis.