Verdura al rescate
Publicado en Perros verdes el 15 de Diciembre, 2005, 1:30 por Brocco
Dejo a Sofía con cara de ¿esta tía está pirada? en la boca de metro de Tribunal y persigo al perrito rubio que vaga sin rumbo (bueno, el que le marca el olor más o menos prometedor de la basura). En los primeros instantes de mi epopeya, recibo un sms, oh, de un amigo patinador, y aprovecho para llamarle por si sabe cuál es el jodido número de información general, ése que se supone que memorizamos gracias a unos simpáticosa anuncios. Llamo, me dan el teléfono de una asociación canina que conozco, me salta un contestador (Con casi las doce de la noche), cuelgo, llamo a la policía municipal, describo perro, situación y lugar, pasan el mensaje —éso dicen— a un veterinario encargado de estas cosas, espero noticias con un frío que pela. El perrito rubio sigue buscando comida en la basura y, la verdad, se pone las botas. Para tenerlo controlado compro un bocata "de lo que sea" a la china de la esquina, tres euros por unas láminas transparentes de chorizo. Voy dando al perro rubio porciones del manjar, mientras lo sigo por la calla la Palma y la plaza del Dos de Mayo, borrachuzo va, borrachuzo viene. Subimos por la calle de la Vía Láctea, se para el perrillo, nos sentamos y le voy dando fascículos del embutido. Se nos acerca un borracho flipao que me dice no se qué de las focas monge, que parece que él erea marinero y las focas se la chupaban muy bien (¿?). El veterinario me llama, le digo que no, no tengo prisa, hombre, pero no se cómo retener al perro rubio, que no lleva ni cadena ni identificación y se sienta a la orden de "sit" y da la puta patita. Sigo con el perro, le abro bolsas de basura para que mire que hay dentro, le prometo amor eterno y que me lo llevaré conmigo si no lo vienen a recoger y, si es así, que lo iré a visitar y.... ![]() Consigo, más abajo de la Vía Láctea —le dio por bajar llegado un punto— ponerle en torno al cuello un cable de esos blanditos, no penséis, que habia ahí tirado entre la basura de una obra. "Yo no te quiero atar", le digo como una idiota. Le paso por el cuello el cable con un nudo marinero básico de esos que te enseñan en los campamentos. Parece que se sienta, me mira triste, tiene el pelo cuidado, me da la pata. Empieza a rascar una puerta de madera, de un bajo. "No, no, que igual hay alguien", le digo, porque se veía luz (en un bajo cochambroso en pleno Malasaña, oj). Abren la puerta. "¡¡Menganitoooo1!". Y el perro rubio entra. "Aaaaaaah, es tuyoooooo", digo con alivio /rabia, desesperación. "Sí, se sabe le camino a casa". "Aaaaaaaaaaaah.... es que parecía que estaba perdido, he llamado... " . "Ah, pues no, pero gracias, eh". La muy okupa (o pies negros, yo qué cogno se, Trufa) va arrimando la puerta, como si pensase "esta tía está pirada", y tiro hacia le metro, meándome a chorros, por qué no decirlo, y con la cara de gilipollas integral más 100% que os podáis imaginar. Cagoentó. |

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